viernes, 28 de noviembre de 2008

Vergüenza

En lo oscuro de la habitación, a lo solo, ante las pequeñas manchitas que rodean mi pantalla, me detuve un momento a escuchar algunas de las letras que en su tiempo decian un sentimiento algo distintivo, oculto entre mínimas frasecillas.
Tocando las venas del Contrabajo invisible de la cómoda.
Yo soy la Barriera de las distinguidas canciones que toco a flojillo dentro del armario.

Hoy para variar, por tan sólo un instante casi se me va la neura, y hago de la circunstancia un drama, pues soy una humana con himno de música, arma de notas con ritmo fusa y gargante con voz disminuida a estilo dibujo animado.

Mi mano casi excede a su mérito, y levantada la quise bajar, pero hice ainco en querer desmerluzar cada uno de sus músculos y llevarla al cementero por fin, a tumba calmada y me sentiria orgullosa de ser libre.

Porque a cuentas, a horas, a minutos es tal el desquicio que me insertan como si mi cuerpo se tratase de una máquina traga perras que me encuentro en un laverinzo de cien pasadizos largos y enrredados.

Un frondozo pasadizo lleno de matorrales donde las tres calles que lo componen están protagonizadas por los siguientes actores:
- Una vulgaridad
- La venganza
- El suicidio
- El pose
- Lo acomodado
- La pasión
- El romanticismo
- La paciencia.

Son puras cosillas que recojo a lo largo del pasadizo.
De ellas saca lo bueno.
De ellas saca lo salado.

Pues enterensé.
La gente aquí es sal el cual vale unos céntimos la bolsa
y yo Diamante de sal el cual vale a casi 6 Euros la bolsa.

Cegera de Barriera.
Vagando de nuevo en la solución del mundo mundial.
ES LA VERGUENZA DE VER TANTA VULGARIDAD

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